La Microclase
La microclase, como herramienta pedagógica permite
la autoevaluación y coevaluación de las destreza que cada quien tiene para la
enseñanza. A pesar de utilizarse como una metodología de perfeccionamiento en
la formación docente, no se escapa de la aplicación de todos los pasos que se
siguen para la preparación de una clase formal: se debe planificar, definir
objetivos, estructurar el contenido y la distribución del mismo, plantear una
secuencia en función de los objetivos y del tiempo disponible.
También se debe considerar las fases de la
microclase, que son las mismas que se observan en una clase formal:
1.
El inicio, donde se crea el clima emotivo para conectar con el
estudiante, se hacen recuentos de los encuentros pasados, se hacen lluvias de
ideas.
2.
El Desarrollo, es la exposición del tema por parte del docente. Aquí se
realiza el envío de la información del aprendizaje.
3.
Y por último, el
cierre, donde se aplican las estrategias para validar si la información
llegó (a través de discusiones, juegos, etc.).
La microclase, si se quiere, funciona como
las primeras horas de vuelo del docente en formación; es donde afianzamos todas
las herramientas que como docentes debemos manejar para lanzarnos luego el aula
ya listos para enfrentar con todas las armas a nuestros estudiantes.
También es una oportunidad para corregir
otros aspectos como la postura, los gestos, el vocabulario, el volumen de la
voz, que son aspectos que también se deben cuidar para poder mantener el
control y la autoridad en el salón de clases y para lograr hacerse entender.
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